Falafels de calabaza y amaranto.

Demos la bienvenida al otoño con una receta con su producto estrella:

¡La calabaza!

 

Ingredientes para 4 personas.

 

 

Medio kilo de calabaza asada o cocida.

1 taza de amaranto.

1 taza de agua.

1 taza de harina de garbanzos.

Un par de ramilletes de cilantro fresco.

Una cucharadita de postre de comino en grano.

Una cucharadita de postre de ajo en polvo.

Media cebolla y medio puerro.

AOVE, sal y pimienta al gusto.

Preparación:

 

 

En una sartén u olla honda, rehogar el puerro y la cebolla cortados lo más finamente posible hasta que estén dorados.

Inmediatamente, incorporar la calabaza (ya asada o cocida) machacada, seguir rehogando un par de minutos e incorporar el amaranto, el comino, el cilantro cortado  y el ajo en polvo.

Salpimentar al gusto.

Remover muy bien a fuego medio y añadir el vaso de agua.

Tapar y mantener a fuego lento 15/20 minutos. Remover de vez en cuando. Al final tiene que quedar una masa pastosa.

Dejar enfriar a menos un par de horas. Aunque si es posible yo recomiendo dejar la masa al menos una noche en la envera para intensificar sabores.

Una vez enfriada la masa, procedemos a darle forma de falafels, rebozándolos con harina de garbanzo. No os preocupéis si notáis la masa muy blanda: Se quedará crujiente por fuera pero suave por dentro una vez los friamos en aceite.

El último paso es freír en abundante aceite de oliva un par de minutos hasta que estén dorados.

Espolvorear con cilantro fresco (o perejil)

Recomiendo servir con salsa de yogur. Aquí tenéis una totalmente vegana que marida perfectamente.

 

Tips:

 

 

Estos falafels tienen una consistencia muy suave, si se quieren algo más consistentes, recomiendo añadir un puñado de garbanzos cocidos a la masa.

Sobre el Amaranto

(Fuente : Revista Cuerpo y Mente)

El amaranto es uno de los cultivos más antiguos de América y probablemente de la humanidad. Existen vestigios arqueológicos en tumbas de la región andina que se remontan al año 4000 a.C.

Tanto los Mayas, como los Incas y los Aztecas, dedicaron amplios territorios a su cultivo.

La composición nutricional del amaranto ha merecido que sea considerado uno de los 36 vegetales con mayor potencial alimenticio para la humanidad, debido a su riqueza en minerales y proteínas, su resistencia a la sequía y su gran rendimiento agrícola.

El amaranto constituye una excelente fuente de aminoácidos, muy útil para aumentar el consumo de proteínas de origen vegetal y obtener a la vez muchos otros valiosos nutrientes. Ocupa una posición destacada: con un 13,6%, aporta casi el doble de proteínas que el arroz integral y supera al trigo (11,4%),

Pero lo que que hace al amaranto aún más extraordinario es el valor biológico de esas proteínas, ya que incluyen todos los aminoácidos esenciales (los que el organismo no es capaz de sintetizar y precisa recibir de los alimentos) en una proporción óptima para ser asimilados.

El componente principal de esta semilla son los hidratos de carbono (59%), la gran mayoría de los cuales se encuentran en forma de almidón. Pero no vienen acompañados de gluten como ocurre en otros cereales. Es una gran fuente de calcio, superior a cualquier otro cereal, y aportan también una buena dosis de magnesio.

Tiene un glucémico bajo lo que lo hace apto para diabéticos. Además, es rico en minerales y oligoelementos, lo que lo hace muy reconstituyente.

Se considera asimismo una excelente fuente de hierro (superior a las espinacas), así como de cinc y selenio, que estimulan el sistema inmunitario.

Tiene escualeno , una sustancia grasa antioxidante con efectos protectores sobre la piel, el sistema circulatorio y los intestinos que tradicionalmente se extraía del hígado de tiburón. El amaranto es una fuente vegetal alternativa para esta sustancia y la presenta de forma abundante.

 

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